18 septiembre 2006

La llenura y el poder del Espíritu Santo

Unos días atrás, pude experimentar lo que continuamente vive mi esposo, y es que el Espíritu Santo no me dejó dormir en toda la noche. Y estando a solas con El, me enseñó varias Escrituras sobre El y su poder, las cuales deseo compartirte.

La gloriosa unción de Dios

Hablar del Espíritu Santo es un deleite para mí, porque el Señor ha sido fiel en mi vida y me ha tocado en una forma gloriosa. Quisiera comenzar mencionándote esa parte de la Palabra en donde Jesucristo va ascender al cielo y se despide de sus discípulos diciendo: "¿por qué están tristes?, ¿por qué están llorando? Les conviene que yo me vaya". ¿Por qué? "Porque vendrá el Espíritu Santo". El mismo Jesucristo dijo: "Les conviene que yo me vaya, no se pongan tristes". ¡Es porque recibir al Espíritu Santo es algo glorioso!

El Espíritu Santo ha sido tan fiel que hemos podido ver como la gente es llena y sana por medio de su unción. Muchos quieren esa unción, pero no saben cómo obtenerla. Para recibirla, debemos ser humildes y sencillos. Si eres humilde, la unción va a crecer en ti. Mira el caso de Eliseo y Elías. El profeta Eliseo estuvo dispuesto a imitar a su maestro y se negó a sí mismo para poder recibir de El. ¿Estás dispuesto a aprender de alguien? Yo he aprendido de mi esposo, de cómo él ora y busca al Señor y cómo administra la unción. Lo he visto e imitado. Por ello, he visto que Dios me unge más. Se necesita de humildad para que haya unción.

En II Reyes 2, vemos como Eliseo estaba determinado a seguir a su maestro Elías, aunque éste le pedía que lo dejara. Cuando el profeta Elías estaba por ser arrebatado, le dijo a su discípulo: "Pide lo que quieras que haga por ti". Y Eliseo le respondió: "Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí". Elías le dijo que si lo veía cuando fuera quitado, entonces así sería hecho. Cuando Elías fue arrebatado, Eliseo tomó su manto que cayó del cielo, recibiendo así la unción, y golpeó el río Jordán con éste, el cual de inmediato se abrió en dos, mostrando así la unción que había recibido.

Aquí vemos algo precioso. Eliseo estuvo dispuesto a estar con Elías hasta el último momento porque estaba interesado en algo. Él quería lo que tenía Elías, y eso provocó que fuera insistente. A pesar de que había intentado que no siguiera con él, Eliseo insistió. ¡Mira la sabiduría de Eliseo! Su maestro le dijo: "Buena cosa has pedido, pero no está en mis manos dártelo. Es Dios el que va a decir cuánto, cómo y en dónde. Muchas veces cuando no recibimos la llenura del Espíritu a la primera vez, desistimos o "tiramos la toalla". Si no recibimos como esperamos, decimos: "bueno, talvez no me lo quiere dar a mí". Pero hay que seguir insistiendo.

Otra cosa que debes aprender es que la unción no se vende. La unción está para servir, es derramada por el Señor para predicar el evangelio, pero no está a la venta. La razón por la cual la unción debe estar en tu vida es por la vida de alguien más.

Mis primeras experiencias con el Espíritu Santo

El Espíritu Santo ha sido muy generoso con nosotros. Hace muchos años, vimos por primera vez a la gente llena del Espíritu y se derramó de una forma asombrosa. En esa ocasión, el Señor me tocó y me puse a llorar. Recuerdo que una señora se rió por tres horas seguidas, mientras que yo estuve llorando. Y me pregunté: "¿qué está pasando?" Es que el Espíritu Santo está haciendo la obra internamente.

La segunda vez, sólo la recuerdo porque mi esposo me la ha contado. Él cuenta que aparentaba como que me había desmayado y se acercó a mí a preguntarme si se me había bajado la presión, pero no había sido eso, sino la presencia del Espíritu Santo. Fue impresionante, el Señor me tocó de tal forma que no podía mover nada. Estaba consiente de lo que sucedía y hacía la gente, pero yo no podía hacer nada. Cuando me levanté, me di cuenta que si El no me hubiera llenado en esta magnitud, no me hubiera dejado con tal de no pasar una vergüenza o una locura delante de alguien más. ¡Qué religioso es uno! Así sólo limitamos al Señor. Pero el Espíritu Santo siempre está dispuesto y es nuestro amigo.

La tercera vez estaba en mi casa y debía despedir a una pareja de pastores que se iba Washington. Recuerdo que estábamos en el almuerzo y me reí como cinco horas. Yo me la pasé así: ji, ji, ji. Y mi esposo me preguntaba que me pasaba porque yo no me río así, sino que cuando lo hago es muy fuerte y a carcajadas. Pero no me pude contener, no habían orado por mí, ni estaba en un servicio, pero lo agarré al instante. Pasé alegre ese día, y sé que a muchos les ha pasado igual.

Tuve otra experiencia, una noche estaba acostada y el Señor me dijo que fuera a orar por mis hijos. Casi siempre lo que hago es que me hinco y oro ahí en mi habitación por ellos, pero esa vez el Espíritu Santo me dijo: Ve al cuarto. Me levanté y fui con ellos, y estando en el cuarto de los niños, cuando entraba por esa puerta, sentía la presencia del Espíritu Santo como pura lluvia, como rocío. Y cuando salía dejaba de sentirla. Y si volvía a entrar, sentía bien rico, pero afuera no había nada. Lo hice como cuatro veces, terminé borracha, llena completamente, bajo la presencia del Espíritu Santo.

El Espíritu con, en y sobre ti

El Espíritu Santo está con nosotros, en nosotros y sobre nosotros.

El está en ti desde que recibiste a Jesús en tu corazón. No tienes que esperar otro momento especial para que esté en ti, sólo creéle. En Juan 20:22 dice: "Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: recibid el Espíritu Santo". En Romanos 8:9, dice: "Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros". El Espíritu Santo está con Jesús desde el momento que lo engendró María, y de igual manera, está contigo desde que te convertiste a Jesús.

Si El está en alguien, no quiere decir que está con esa persona. Esto significa tener comunión con El. En Juan 14:15 dice: "Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros siempre." El Espíritu está contigo cuando guardas sus mandatos.

En Lucas 24:49 dice: "He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto." Cuando el Espíritu está sobre ti, es cuando te unge y te llena de poder para ministrar.

Es muy importante conocer al Espíritu Santo. El está en ti, pero podría también estar contigo, y El anhela estar sobre ti. Sé que muchos han tenido la oportunidad de ser ministrados y ser llenos de Él en sus iglesias o grupos en casa, pero también sé que hay otros que no han tenido esa oportunidad. No sé qué concepto has tenido de El o su llenura, pero lo que sí sé es que el Espíritu Santo te va a tocar hoy y estarás todo el día así porque podrás reconocer que Él es quien está contigo.

El Espíritu Santo es alguien real, se alegra y se entristece, siempre está ahí y no se pude negar a sí mismo. Él es un ser divino y lo hemos conocido como parte de la Trinidad, pero en ningún momento ocupa el tercer lugar, siempre ha sido el primer lugar. Él fue quien ordenó la tierra y estuvo presente formando al hombre, a la mujer y a los animales. Mira que poderoso es el Espíritu Santo: Jesús fue engendrado por Él; Juan el Bautista fue lleno desde el vientre de su madre; Jesús fue guiado e investido por el poder del Espíritu Santo; Lo primero que Jesús reconoció en su ministerio fue el Espíritu Santo; Jesús se entregó, resucitó y dio instrucciones por medio de Él.

En Hechos 1:8, dice: "Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra." El Espíritu Santo te da el privilegio de que lo conozcas con un motivo principal, es que testifiques de Él y que le sirvas. ¿Estás dispuesto a vivir en esa dimensión? Dios te quiere dar mucho porque quiere que seas humilde y que le sirvas con tu testimonio, porque con él hay poder.

Fuente; www.cashluna.org
Pastora Sonia Luna

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